TRAZADOS EN EL AGUA. PARA UNA GEOGRAFIA IDEOLOGICA DEL TEATRO CUBANO DE LOS ANOS 90


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1 TRAZADOS EN EL AGUA.,, PARA UNA GEOGRAFIA IDEOLOGICA DEL TEATRO CUBANO DE LOS ANOS 90 A los cuarenta afios de un Teatro en (la) Revoluci6n A Rine Leal, otra vez, con el animo de seguir desandando la selva oscura "Nada ha borrado el agua [... ] de lo que fue dictando el fuego." Roberto Fernandez Retamar Relativamente breves para la historia de un teatro nacional, ciento sesenta afios trazan, sin embargo, el rostro escenico de la isla de Cuba. Como cada dfa desde entonces, entre las brumas que cubren el escenario, intenta el cuerpo del actor dibujar en el espacio, con mayor o menor fortuna, con mas o menos conciencia, un personaje cuya dramatica existencia se reduce a vivir el effmero tiempo del teatro. Aun conociendo esta tragica ontologia, busca permanecer ' (solo) en la memoria de sus espectadores. Conflicto etemo, y siempre renovado a pesar de cualquier medio moderno de grabaci6n, porque el teatro pretende dejar esa huella a traves de una escritura escenica de la vida humana que se realiza siempre sobre el agua, como afirmara Peter Brook. AI tiempo que penetra e inscribe se desvanece, sin renunciar a la marca de fuego sobre el agua y la memoria. De ahi su inmanente condici6n crftica, la misma que, particularizandose, atraviesa la historia y el presente del teatro en la Isla. Tambien el crftico, con pariguales desasimientos y paradojas, intenta "trazar en el agua" los valores de la acci6n, el gesto o la voz teatrales, situandose en una instancia volatil, similar ala del teatro. Aunque posee el privilegio de una escritura perdurable, el inasible material escenico se escurre ante sus ojos y ante los de sus posibles lectores. Con el tiempo su mirada quedara como unico testimonio, indudablemente parcial y hasta distorsionado, de un suceso. Por eso estos trazados pretenden jugar con una escritura ape gada a esa voluntad de recoger esos reflejos en el agua. Nose trata de un imposible ni de un contrasentido, sino de subrayar la contradicci6n latente en cualquier escritura que alcance a petrificar sus posibles hallazgos sobre el teatro; mas aun si, como en este caso, busca acercarse a un tema y una realidad vi vas: la escena cubana actual y sus trazados del rostro de la naci6n. 259

2 Revista de Estudios Hispanicos, U.P.R. Vol. XXV, Nums. 1 y 2, 1998 Si, ademas, a tal empefio se suma la realidad fragmentada que es hoy el teatro cubano, se impone un ejercicio crftico cuya contradictoria linealidad, surgida aquf de la univocidad del tema, el objeto de estudio y la voluntad de estilo, no padezca del tradicional camino de las certidumbres. Solo a traves de "una puesta en relacion de ideas en un espacio crftico" 1 podremos adentrarnos en los mecanismos artfsticos internos a los cuales acude el teatro insular para expresar la nacion; en los vasos comunicantes entre la realidad escenica, el estado de otras manifestaciones artfsticas y el curso social; en espectaculos de calidad incuestionable y en montajes con logros parciales. Quiere este ensayo ser una aventura de tal naturaleza. Vencida su prehistoria, las multiples interrelaciones entre teatro y nacion comienzan a definirse hace, justamente, ciento sesenta afios. Rine Leal demostro con claridad como en torno a 1838, yen particular durante el transcurso de aquel afio, se establecfa el portico del teatro nacional. Si entonces se estrenaba El conde Alarcos, de Milanes, abrfa el Teatro Tacon y el sainete cimentaba las bases de una tradici6n popular vernacula; en su devenir posterior la escena insular repetirfa con inusitada frecuencia, cual azar concurrente, la numeracion 8 para marcar sus cambios y destinos. Estamos, pues, en un aiio que, alejados de (in)competencias cabalisticas, nos inclina a repasar, contando con una perspectiva historica, los aconteceres teatrales de ese largo perfodo para abordar el presente. Con su 16gica autonomfa, al ritmo del pafs ha vibrado el teatro. AI mismo tiempo, desde diferentes referentes ideol6gicos, tecnicos y esteticos, la escena intenta descubrir el alma y los contornos de la Isla. La busqueda de una expresion nacional en el perfodo culmina en los sucesos del Villanueva, donde se funden "el teatro cubano y el deber patriotico", 2 y donde se invierte la relacion: tambien el teatro podfa hacer vibrar al pafs. Si el parto del 10 de Octubre de 1868 se habfa acumulado en los distintos discursos de construccion de la nacion, no lo harfa menos en el teatro. Por aquellos mismos dfas el adolescente Jose Marti escribe y publica Abdala, un juvenil poema dramatico en el cual se prefigura mas de uno de los grandes conflictos de su existencia, al tiempo que subraya, en su elecci6n del genero, la funcion liberadora del teatro; desaffo agudizado ante los tiempos que corren y los retos de un proximo e incierto milenio. De esa etapa, valdrfa recalcar, ademas, la acumulacion recogida en el plano tecnico. Iniciada por Francisco Covarrubias a comienzos de siglo, legaba a esa altura no solo la voluntad ideotematica, sino la creacion de una galerfa de tipos, el uso diferenciado de la lengua espanola, la musica, el caracter parodico, el choteo, el angulo para observar la realidad, la manera de enfrentar la 1 (Raquel Carri6) 2 (Albio Paz) 260

3 Trazados en el agua... Omar Valifio. comedia, caracterfsticas todas filtradas de una escena a otra: de lo popular a la elaboracion culta y vice versa. Esos rasgos en formaci on, junto a una indudable capacidad de resistencia, por parte de los teatristas cubanos, ante innumerables acosos economicos, politicos y sociales, fraguaban un patrimonio en expansion. El teatro comenzaba a dibujar la Isla. Pero no sobrevendria un periodo facil, ni mucha de la gente del teatro estaria consciente del significado en la historia de su labor cotidiana. Ese mismo quehacer diario llevo a muchos al cambio sucesivo de banderas en aras de una dificil supervivencia. Dos guerras en treinta afios, el estertor colonial y la penetracion norteamericana situaron unas coordenadas que terminarfan con la. intervencion y ocupacion yanquis, eje inexcusable de tension en las relaciones hist6ricas entre la potencia y la Isla. En medio de aquellas coordenadas, la escena cubana padecio de oscilaciones en varios sentidos. Por primera vez, de manera acentuada, el camino se trenzaba entre el rostro y la mascara. Los indudables valores del bufo defendidos en un sitio, cafan cerca de allf en el mas absoluto descredito; el teatro revolucionario se confinaba a reductos, sin que faltaran sus numerosos antfpodas; la fecundante voz teatral de Martf llegaba desde el exilio mas para sembrar el tiempo futuro que el espacio presente; los productos extranjeros tendfan ala repeticion y ala mediocridad del gusto dominante, muy lejos de las transformaciones de ese instante en la escena europea... Aun asf el teatro colonial era vencido por el reflejo, incluso distorsionante, de la realidad nacional en los escenarios; se imponfa la creciente ' configuracion de "lo cubano teatral". Y las excepciones todas aguardaban el juicio del tiempo no trascendio gracias a su palida temporada escenica, sino por la teatralidad negativa que se verific6 en su espacio sociopolftico y cultural. Cuba serviria el escenario de un conflicto devenido secular tragedia. Protagonista del drama, no serfa, sin embargo, llamada a saludar. Tras el tel6n, los restantes protag6nicos habfan decidido excluir al buen bufon. No obstante la victoria sobre el teatro espafiol, el drama general convertido en farsa imponfa una frustracion de la que no podria escapar el teatro. Como una suerte de dueto inseparable se fundfan el Alhambra y la Republica. Readecuacion de la practica acumulativa de los bufos, el Teatro Alhambra resulto un sfmbolo de la encarnaci6n del espfritu de los primeras tres decadas republicanas a traves del choteo, cual carne de la neocolonia, tal como lo describio Jorge Mafiach, parodia escapista y paralizante. Cuando Raul Roa insuflo al concepto un contenido revolucionador, ya este se manifestaba de esa nueva manera, junto a otros signos, en el primer despertar republicano. El Alhambra estaba preparado para caer por su propio peso, como, efectivamente, parecio subrayar el derrumbe de su marques ina en Sin embargo, tam poco puede desdefiarse, a pesar de lo sefialado, y de la ajustada maquinaria economicopolftico-comercial que constituy6, la importancia de ese teatro en cuanto escena de larga tradici6n popular; y de ahf su arsenal tecnico-expresivo (todavfa 261

4 Revista de ~studios Hispanicos, U.P.R. Vol. XXV, Nums. 1 y 2, 1998 por estudiar en algunas de sus aristas) tanto en el actor y en la producci6n de la imagen, como en los mecanismos de comunicaci6n e interacci6n con el publico. Cuando Virgilio Pifiera inicia la contemporaneidad del teatro cubano con su Electra Garrig6, no es ajeno a lo anterior. Sabe que, junto a las magnas claves de los modelos occidentales garantizadores de universalidad, el teatro, para ser nacional no puede desentenderse de sus ascendentes populares. De heche, no huelga recalcar que es el chotec el vector de erosion ideol6gica y estetica de la tragedia y el mito griegos, puestos en solfa en la parodia virgiliana. Mas esa pelea entre tradici6n popular y vanguardia, en apariencia no antag6nica, segun cierto espfritu originario de esta ultima, resuelta e indicada por Pifiera, no ha contado, como regia, con resoluciones arm6nicas en el teatro insular de entonces aca. Si por los afios 40 y 50, las experiencias de un teatro de arte se refugiaban en las escasamente visitadas salitas, contrastando con el amplio publico seguidor del vernaculo decadas atras, hoy la situaci6n no se aleja de aquella si se comparan nuestros pequefios y poco visitados refugios experimentales con el desbordante publico de la escena humorfstica que, calidades aparte, recircula aquella tradici6n. Despues del dia clave La etapa del siglo xrx se reitera en el xx con una precision cuasi simetrica en cuanto a las caracterfsticas de su desarrollo hist6rico en el teatro. Esa pelea, mencionada antes, entre las lfneas "culta" y "popular" desencadenara la busqueda ansiosa de nuevos publicos a traves de varies intentos, coronada por la experiencia del "Escambray" a partir de 1968, seguramente la aventura mas radical de nuestro teatro. Tambien como culminaci6n de un perfodo que va desde la fundaci6n de La Cueva en 1936 (vease la l6gica sustitutiva con respecto al Alhambra) basta 1958, cuando Raquel y Vicente Revuelta abren Teatro Estudio, para adelantarse en unos meses, como los bufos en 1868, al dfa clave de la patria en cada siglo, e iniciar el teatro de grupo en el sentido mas moderno del termino. Cual ciclo dispuesto a renovarse en el tiempo, la etapa cumple, como aquella, un papel, en lo esencial, acumulativo. Se habfa forjado una tradici6n. El proceso revolucionario triunfante llegaba en el minuto exacto para expandirla. Mas, junto a la eclosi6n teatral apoyada por una legitimidad institucional, tambien comenzaban los diferendos en torno al papel del arte en la sociedad, un tema no resuelto ni en la teoria ni en la practica socialista, constante fuente de fricciones, encontronazos y poco duraderas reconciliaciones. Despues de una plural y ascendente pn1ctica escenica, a fines de los 60 el teatro cubano se afanaba, justamente, en encontrar nuevas vfas de inserci6n social. De un consenso comun en este sentido, partieron varias busquedas, todas con un fuerte contenido experimental en relaci6n con el vinculo escenapublico. 262

5 Trazados en el agua... Omar Valifio De elias, solo triunfaria la propuesta del Grupo Escambray, gracias a un proyecto artfstico y social solido, una circunstancia territorial favorable, una conduccion brillante y una militancia polftica inocultable. Tambien por la relativa coincidencia entre ellegftimo resultado del grupo y el pensamiento politico dominante en la cultura y la sociedad de los 70, que alentaba un arte como vehfculo de expresion de las masas, 3 suerte de voz coral de la sociedad, ente desindividualizante en lo autoral y en el objeto "reflejado". La refraccion en su obra, con absoluta calidad artfstica, de situaciones, personajes y problematicas arquetfpicas, el ejercicio de una crftica no complaciente del estado de esa sociedad, pero en la misma direccion de los objetivos sociales perseguidos en aquella zona durante esa etapa, al tiempo que su experiencia resultaba generadora de otras cualidades y proyecciones, salvo al Grupo Escambray de verse afectado; y le permitio convertirse en una feliz excepcion del teatro y la cultura actuantes en la decada de los 70. El teatro nacional sufrio, sobre la productiva crisis interna de la despedida de los 60, una despiadada privacion de los derechos creativos individuales y colectivos. La busqueda de un arte para las masas (impuesto de manera falsa), era uno de los valores autenticos perseguidos (sin imposiciones exogenas) por los teatristas cubanos. De hecho, este objetivo se recuperaria, con rigor solo en pocos colectivos, afios despues, para descender luego basta un nivel fnfimo como medida de eficacia estetica. Asimismo, los 70 han dejado marcas inevitables en creadores cuyas obras no han visto superados los estadios en los cuales se hallaban entonces, por el nivel de desconfianza que genera un cuestionamiento en el plano ideologico, desde la critica o las instituciones a una produccion; por la huella dolorosa de los individuos, por el abrupto corte de tendencias, experiencias o trayectorias despues no recuperadas. A la distancia de dos decadas del comienzo de la superacion de esos errores, se observa con claridad que los 70 son, efectivamente, una etapa. Pero tambien representan una concepcion (en aquel momento do min ante) sobre el papel del arte y el espacio de la cultura en la sociedad, que no se ha extinguido en lo absoluto. Su centro lo marca el privilegio de las funciones recreativa, hedonista y acaso informativa del arte, en detrimento de su funcion critica; asi como una cultura mutilada dellibre ejercicio del pensamiento. Ello explica las delicas contradicciones, a veces antagonicas, en la practica polftica socialista entre el arte y el poder; antes y despues de los 70. Con el conocimiento de la situacion dejada atras, los 80 opondrfan sus fuerzas centripetas a las centrffugas del periodo pasado, abriendo asi un marco general de reconstituci6n del tejido cultural de la nacion. La concepcion y puesta en practica de una serie de acciones recogerian,' al final de la decada, un cambio de signo estetico en el teatro cubano, el cual arrastro un conjunto de 3 (Desiderio Navarro) 263

6 Revista de Estudios Hispanicos, U.P.R. Vol. XXV, Nums. 1 y 2, 1998 transformaciones institucionales y artisticas. En el marco social, la decada quedaria perfectamente delimitada entre dos fracturas: la emigraci6n por el Mariel en 1980 y el "caso Ochoa" en 1989; dos sucesos que invitaban a indagar en las complejfsimas problematicas sociales que representaban y la ubicaci6n de los individuos en ellas. Y ese fue el eje esencial de la reflexi6n artfstica de los 80, a traves de una praxis paradigmatica y fuertemente socializada. No menos se propuso el teatro. Despues de revisitar proyectos postergados, los maestros Vicente Revuelta, Roberto Blanco, Berta Martinez se integraban a ese espiritu, demostrando ademas, como en otras manifestaciones artfstica.s, que ni la mas oscura vida cultural apaga esa acumulaci6n bajo la sombra, a la espera de despertar a la luz publica. Flora Lauten, sintetizando en sf misma una tradici6n, comenzaba sus investigaciones en los terrenos de la pedagogfa y la direcci6n en las aulas del Institute Superior de Arte. Era parte allf de un proyecto pedag6gico abierto, antiacademico, plural, te6rico-pnictico, universal; pero de estrechos vfnculos con el movimiento teatral cubano, bajo la conducci6n de Graziella Pogolotti y Rine Leal. Festi vales de La Habana y otros eventos retomaban el dialogo con la escena internacional gracias a la presencia de grandes figuras y colectivos, los que funcionaban como contrapeso a las busquedas insulares. Otro Festival se establecfa en Camagiiey, sentando las bases de una mejor vida escenica en las provincias. La rfgida estructura institucional cedfa espacios a nuevas agrupaciones guiadas por maestros. La oposici6n teatro nuevo versus teatro de sala, saltando algunos planteos esteriles, daba lugar a novedosas integraciones. En definitiva, se legitimaba una gananciosa pluralidad, todavfa marcada por el intercambio y la polemica. Sin atrincherarse frente a la reacci6n internacional que se asentaba en el mundo, Cuba continuaba su caracterfstica cultural de abrirse al universe y dialogar con el. Los paradigmas eran asimilados, y muchas veces subvertidos, con rapidez. Tal vez esto agot6 pronto un teatro de animo, presencia y ambiente juveniles, en general de escasa elaboraci6n estetica, si bien continuador de una interesante porffa por llevar la vida de aquel presente cubano, en el cual destacaba una nueva generaci6n, a las tablas. En parte hij a de aquel segmento escenico, Molinos de viento caus6 una verdadera conmoci6n a lo largo del pais con su penetraci6n en el mundo de la educaci6n, la formaci6n de valores y la integridad etica de j6venes y adultos, adelantandose a temas que se expandirian en el arte cubano algun tiempo despues y en el espacio social con el proceso de rectificaci6n de errores. El "Escambray" demostraba con esta obra su opci6n crftica, acufiando la despedida, valida para la escena toda, del conflicto entre los "rezagos del pasado" y el presente; a su vez, abandonaba su entorno emblematico, la zona montafiosa que lo nombra, como centro de su ambientaci6n y sus destinatarios. Se imponfa una confrontaci6n entre los prop6sitos del proyecto social y su verificaci6n en la praxis, asf como el sitio del individuo entre 264

7 Trazados en el agua... Omar Valifio ambos polos. Molinos... fue el puente, el transite, convenientemente situado en un grupo que podia, mejor que ningun otro, explicar, objetivar en sf mismo el cambio. El punto focal del teatro y del arte insulares se desplazaban bacia otro territorio: el cubano en su historia. Tiempos de rectificaci6n Hacia el segundo lustro de los 80, la cultura cubana se removfa bajo la confluencia de una producci6n activa del conjunto de sus actores. Una voluntad de intervenci6n social atravesaba la obra artfstica. Tiempos de rectificaci6n, de apertura, de abierta discusi6n, de influencias ideol6gicas y culturales heterogeneas, particularmente importantes aquellas provenientes de la perestroika. En tanto, a la sociedad cubana la recorria un aliento etico y ocurrfa una vuelta a los orfgenes del proceso revolucionario. El arte no ocultaba su acento crftico contra antagonismos, imperfecciones y mentalidades conservadoras. Querfa ser revolucionario y lo fue, siendo crftico. Se bacia preguntas, se interrogaba sobre el drama del hombre en el cual convergfan la cotidianidad, los desaffos epicos y el peso de la his to ria.. El v6rtice del suave huracan lo fue, sin lugar a dudas, la plastica cubana. Aunque hoy surgen voces que, no sin razones, se cuestionan aquel movimiento (s6bre todo, por la actitud seguida despues por la casi totalidad de sus protagonistas), no hay que olvidar su significaci6n original. Constituy6 la proa de un barco a cuya proa resultaron arrastradas, virtualmente, todas las manifestaciones artfsticas. Un dfa, en acci6n colectiva, pintaron con sus manos en un muro: MEDITAR. No importa ya quienes lo hicieron, estaban escribiendo una actitud: el gesto era acci6n y pensamiento, acto y palabra al mismo tiempo. Esa actitud demarc6 una cultura "de los ochenta". Err6nea o indemostrable en teoria, lo cierto es que, sin "plataformas programaticas" o imposiciones, muchos nos reconocemos como parte de ella. El teatro inercial (tal calificaci6n se otorgaba a sf misma la escena presa de un estado de inercia) no podia dialogar con este contexto. Correspondfa a la nueva generaci6n teatral entrar en el juego. En dos palabras, ella se clasificarfa como la tercera promoci6n de la Revoluci6n, los nacidos entre fines de los 50 y, fundamentalmente, en los 60, debutantes en su vida estudiantil y profesional en los 80, conscientes de una pertenencia y una misi6n nada fortuitas. Tardio, como corresponde a un arte sfntesis de todas las manifestaciones artesanales, el teatro respondi6 de manera evidente a la altura de Desde los margenes, los actores-personajes desnudos del final de La cuarta pared estremecieron la platinada superficie del agua; un camino que, sin esa estridencia y repercusi6n, ya habfan desbrozado en parte el grupo Buendfa, la producci6n dramaturgica y crftica en el Institute Superior de Arte y otros experimentos, luego extendidos en numerosos nucleos j6venes a lo largo del pafs. En efecto, tocaba a los "nuevos" evidenciar artfstica y esteticamente el cambio de s1gno. 265

8 Revista de Estudios Hispanicos, U.P.R. Vol. XXV, Nums. 1 y 2, 1998, Este no se distanciaba, por supuesto, de los denominadores expuestos antes como rasgos dominantes del perfodo. En lo especffico teatral, recuperaban un vfnculo organico con la tradici6n, incluso con tendencias cortadas en los 70 o interrumpidas a fines de los 60, al tiempo que la asaeteaban con sus interrogantes, cuestionamientos, ironfas y recomposiciones, y se adherfan a experiencias foraneas. Se integraban vectores, hasta ese momento antag6nicos en apariencia, de la contemporaneidad teatral de la Isla. En particular, zonas de la "poetica crftica" del grupo Escambray con la experimentaci6n mas vanguardista, y de esta ultima con recursos del vernaculo. Aquel halito no se confin6 a los j6venes; atrajo e impuls6 al concierto generacional de la escena cubana, lo que produjo interesantes renovaciones. La inercia comenzaba a ser vencida desde la creaci6n, con la ayuda de las transformaciones organizativas e institucionales. Los resultados se verfan mejor, en su continuidad, durante los afios subsiguientes. Los 80 se adentraban en los 90. "Los noventa llegaron ya", rezaba el tftulo de una ex posicion de artes plasticas, bastante adentrada por entonces ya la decada. Los artistas advertian sobre la obnubilaci6n todavfa ejercida por el pasado reciente, amen de nuevos rostros y propuestas. La fuerza expansiva de una etapa ala cual el teatro habfa llegado tarde (como generalidad o que, tal vez con mas precision, cerrarfa con su capacidad de sfntesis de las artes), derrumbaba la convenci6n del tiempo quizas hasta No obstante, para trazar en el agua el mapa de Ia Isla, el teatro estaba en escena cuando el pafs se declara en Perfodo Especial, apertura violentfsima y radical de los 90. La pobreza por venir era negada simb6licamente en las tablas de la sala Covarrubias del Teatro Nacional - otro enlace metaf6rico por Carlos Dfaz con el inicio de su trilogfa sobre textos norteamericanos. Desde una vertiginosa y neobarroca emisi6n de signos se discurrfa sobre t6picos muy presentes pero marginados y que alcanzarfan mas tarde viva presencia en la realidad o en zonas del discurso social del pafs. Ellos eran el hombre y el poder, el andr6gino y la otredad sexual, las influencias sovietica y norteamericana en la mentalidad, los comportamientos y los estados del pafs, todos mezclados en un espacio carnavalesco que afirmaba la cubanidad de la propuesta mediante recursos contradictores de los contenidos puestos en juego. Dfaz llamaba, de manera elfptica, a un desentumecimiento de las estructuras sociales, a una liberaci6n de las mentes frente a prejuicios y diferencias y, en varios pianos, a un reconocimiento de lo propio. Teatro y sociedad incentivaban su dialogo. A pesar de la aguda crisis econ6mica y sus reflejos sociales, ideol6gicos, polfticos y cotidianos, el publico, sobre todo en La Habana, entraba. en ese dialogo con la Isla a traves de la escena. Comenzaba a acentuarse un perfil de ese intercambio permanente en la historia escenica del pafs, entre teatro y naci6n, recirculado con singularidad por la modernidad y la vanguardia. Ahora el teatro pugnaba por tomar el pulso todo, el completo peso de la Isla. 266

9 Trazados en el agua... Omar Valifio Desde el centro de esa Isla, con el Estudio Teatral de Santa Clara, llegaba una relectura de un pasaje bfblico, el enfrentamiento entre David y Goliat cuya recurrencia en el discurso polftico cubano sembro Marti. El lance de David, de Joel Saez, lo ubicaba en plena calle, o en un parque, donde dos adolescentes convertfan sus referentes de ese momenta -ruidos, juegos, voces- en un ruedo infantil a traves del cual se producia una desconstruccion del mito para encauzarlo, con toda su dimension epica, tan cara a los cubanos, en una premisa cotidiana. Lo definitorio no era el conocido desenlace del acontecimiento, sino como esa Historia mayor de la nacion, su eterno reto frente a las apetencias coloniales externas, encarnaba en el universe y la vida comun de los habitantes cubanos, en particular los jovenes, que no habfan vivido etapas mas heroicas en su significacion clasica y, sin embargo, se aprestaban a iniciar un perfodo de no menos valor epico pero de otra cualidad. (,Como lograrlo?, se interrogaba el espectaculo. Sesenta kilometros al sur del Estudio Teatral, Teatro a Cuestas, de Cienfuegos, se acercaba a parecidas preocupaciones. Rara avis, de Ricardo Munoz, trazaba, a quinientos afios del "descubrimiento", una parabola sabre la conquista de America, pero dejando atnis cualquier pretension historicista. Al revisar los diferentes iconos de sucesivas imposiciones foraneas, hablaba de los ciclos del acto colonizador por estas tierras poniendo enfasis en los medios utilizados para ella. Sin aludir de manera explfcita al presente, colocaba al espectador ante sus ctisyuntivas. Del mismo modo, esa reflexion sabre los medias se formalizaba hacia el interior del montaje mismo, referenciando asf el propio marco de contradicciones de ideas y conceptos sabre la Conquista. Tradicion y actualidad, contemporaneidad y asimilacion, se convertfan en centros de un discurso que, por otra parte, asumfa el derecho a la convergencia de una serie de experieneias, generos, formas y sistemas teatrales para producir alga propio. Rara avis, espectacul9 negador de toda colonizacion, defensor de la asimilacion crftica y creativa como un rasgo esencial de nuestra cultura. En tanto, Safo, de Carlos Celdran, desde la escondida lorna capitalina del grupo Buendfa, parecfa mirar al pasado. La reconstrucci6n, siempre relativizada, de la trayectoria de una popular cantante cubana de los afios 40 y 50, tipificadora de un conjunto de rasgos de muchos de los musicos de ese tiempo, constitufa el eje de una mirada hacia una zona prohibida o negada del transcurso cultural cubano. Mas que una vuelta nostalgica a la etapa prerrevolucionaria, la cual ha resultado una fuerte presencia en la filosoffa popular del perfodo (despues reflejada en la escena), se trataba de la recuperaci6n de toda voz sepultada por cualquier reduccionismo anticultural. Aunque la voz de esta Safo no existfa como tal, el teatro apuntaba tambien una voluntad de reconocimiento de aquellos espacios marginados, sea por el discurso cultural dominante, sea por la prevalencia de una lectura polftica del tejido cultural. Safo se sumaba, desde su especificidad estetica, al dialogo, generalizado y profundizado en estos afios, con todos los hilos de ese tejido. 267

10 Revista de Estudios Hispanicos, U.P.R. Vol. XXV, Nums. 1 y 2, 1998 U n grande, Abelardo Estorino, atrincherado en su habitual sala del V edado habanero, recirculaba con Vagos rumores la sabiduria que escondfa el pasado, un pasado aun mas lejano que el de Safo, el cual habfa que penetrar en sus aparentes silencios. El paralelismo entre la condicion effmera del teatro y la fragil finitud de la vida, presente en su monumental Milanes, se vefa potenciado con esta reescritura sintetica del texto. La vida del poeta matancero Jose Jacinto Milanes, maltratada por una epoca -comienzo y mitad del siglo xixmaterialista, una sociedad mercantilista y desespiritualizada, de un desprecio generalizado por poetas e intelectuales, por todo aquello que no resultara ganancioso en ~erminos monetarios. Ante ese horror, junto al de la esclavitud de los negros y de Cuba, se alza la creacion fundante de la palabra y la obra como respuesta del poeta. Milanes sabe que le habla al futuro mas que a su presente, pues tal futuridad sera posible por hombres como el. De ahf la consecuencia etica personal con lo postulado en su obra, inclaudicable posicion que lo llevara a una profunda crisis existencial y psfquica. A traves de ella, ve Milanes los fantasmas visitantes de su entorno, espacio poetico mediante el cual el autor desata un extraordinario juego teatral, deudor de las grandes corrientes universales de la dramaturgia y la escena contemponlnea, pero absolutamente estorineano; capaz de indagar, gracias a su artisticidad inmensurable, en las sustancias de la cubanidad para hacerlas presente. Estorino logra que los vagos rumores inscritos en los discursos fundacionales de la nacion no sean acallados por circunstancias analogas; que el pasado, como persegufa Milanes, hable ala comunidad cubana insular de hoy y de manana. Por su parte, Eugenio Hernandez Espinosa consegufa, por primera vez en muchos anos, actualizar ellegado popular proveniente de fuentes africanas gracias a El leon y la joya. El espectaculo, adaptacion de una pieza de Wole Soyinka, aprovechaba la densidad del referente original sincretizado en la cultura cubana, buscando un dialogo con publicos amplios sobre su condicion actual. De hecho, lla deteriorada sala don de transcurrfa se ubicaba en el centro de barrios populares donde las practicas religiosas o culturales de ascendencia africana son comunes. Pero Hernandez Espinosa no repetfa el codigo de estas practicas, sino que lo transformaba al servicio de sus objetivos dramaticos y esteticos y, a traves de una fabula antiqufsima, se adentraba en las relaciones intergeneracionales, asf como en el papel de cada generacion en la sociedad. Contrariamente a lo que parecfa ser la corriente principal de ese momento, el montaje se pronunciaba a favor de los "viejos". Ellos, a pesar de sus errores, no faltaban a su honestidad, mientras los jovenes utilizaban su fmpetu y su astucia para trepar al poder a cualquier precio. Para que y como utilizarfan ese poder no lo contestaba el espectaculo, mas sembraba la duda sobre la vinculacion fin-medios. Como metafora, se adelantaba ala honda preocupacion generada en el pafs en torno a la natural sustitucion de la generacion historica en los pianos social y politico. Un similar orden de ideas ponfa, literalmente, en juego Vicente Revuelta gracias a la shakespereana Medida par medida. El 268

11 Trazados en el agua... Omar Valifio espectaculo terminaba cayendo la tarde a la luz de muchas antorchas que podian contrarrestar el eventual apag6n que inundaba el patio de la casona de Linea. Tambien en Las ruinas circulares, de Nelda Castillo otra vez con (yen) el grupo Buendia, acontecfa una indagaci6n en las fuentes conformadoras de nuestra cultura, partiendo de una investigaci6n-exploraci6n sobre textos no teatrales. Los personajes nacen de una evocaci6n, de un ritual y en ese espacio sagrade emprenden un viaje. La escena junta a un negro-esclavo-brujo-cimarr6n con Don Quijote y Sancho o, mas bien, con dos personajes que en esa aventura " se lanzan tras las huellas de Quijote y Sancho. Estos se realizan como personajes al descubrirse en sus propias visiones: los molinos, Dulcinea, la insula. De un lado el negro y del otro Quijote y Sancho producen un choque intercultural, el cual expresa, en pas ado, a los ascendientes africanos e hispanicos y, en presente, los modos de comportamiento que convergen en la cubanidad. Ese lugar, al mismo tiempo de confluencia y choque, se refuerza continuamente en el discurso escenico a traves de las locuras-visiones-acciones que generan la zona de conflicto entre los protagonistas. En. el planteo de disyuntivas al que nos sometfa Las ruinas circulares entre la fe, la ilusi6n y lo terrenal; entre la utopia, los ideales y la realidad que los desvanece, habfa un profundo espacio para reconocerse como ser humano y como habitante de este tiempo y de esta tierra. Al igual que en Rara avis, este montaje verificaba su propuesta de contradicciones ideol6gicas en el interior del propio equipo de trabajo y de su discurso escenico. Trataban de explicarse la realidad, conformada por altos ideales e imposibilidades objetivas, y las actitudes derivadas de esa contradicci6n, a traves del origen "genetico" de ese universe de vectores en juego. Como en Rara avis, se apuntaba la defensa de la gran utopfa e identidad americanas, ideas en vertiginoso descredito. La circularidad renacfa; linea continuada en estos afios. Sobre las ruinas de un mundo amenazado con la desaparici6n, despues de desconstruir sus medios de realizaci6n, un acto ritual, de donde surgia otra manera de comunicar, defendfa una verdad profunda: en la procesi6n final, acompafiados por la musica de los Carmina Burana sobre la que se superponen los toques de tambor, vamos todos en vida y muerte, renaciendo siempre, guiados bien unas veces, otras no; pero tratando de levantar y sustentar a toda costa la imagen-simbolo del Quijote. En Manteca, un montaje que toc6 varios puntos del mapa teatral habanero, de Alberto Pedro-Miriam Lezcano, con Teatro Mfo, tambien se creaba, de otro modo, una condici6n ritual. Pero la ritualidad se asentaba en la cotidianidad como punto de encuentro de toda la vida social. Las connotaciones simb6licas aparecfan en esta puesta en escena muy vinculadas con la existencialresistencia heroica del comun de los cubanos. La escritura de la obra lograba rebasar, sin embargo, la chatura de una descripci6n reproductiva de esa vida. El verbo y el dialogo entre los hermanos resultaba atravesado por toda la densidad y profundidad del espacio social cubano. Manteca brindaba una imagen 269 I

12 Revista de Estudios Hispanicos, U.P.R. Vol. XXV,Nums. 1 y 2, 1998 transformada de la Isla, en dos pianos: por un lado, la acumulaci6n de una cultura de las cosas, planetaria e integradora, que llegaba hasta el plato de arroz colocado en la mesa; por otro, la crisis desatada en el interior de ese sistema establecido por las transformaciones acaecidas en el mundo. Asf, la isla era comprendiqa e interiorizada como Isla, como realidad a-islada, dentro de la nueva configuraci6n globalizadora. La manteca, mas que sfmbolo asociado antafio ala droga y por tanto referenciado como un posible nihilismo resultante de la crftica existencia cotidiana, era metafora de un aislamiento no buscado. Los personajes reclamaban manteca, un producto preterido por su dafio ala salud en tierras primermundistas, pero de imprescindible necesidad para la dieta nacional. El contraste quedaba notoriamente establecido. Los hermanos, aun en medio de sus conflictos, salvaban la familia igualandola al espacio mismo de la patria. AI cerdo asesinado deberfa sobrevenir otro, que cuidarfan entre ellos. No habfa posibilidad de "importar" la manteca, la diferencia serfa posible unicamente si el nuevo cerdo era criado por nosotros mismos. La familia, el gran tema del teatro cubano contempon1neo, tenia otra salida, se juntaba alrededor de lo por venir, en buena medida resultado de su propio trabajo. Ala disoluci6n de la familia en Electra Garriga, a su panhisis en Aire frio, a su conflicto frente a un nuevo orden social en La casa vieja, a su irresoluble destine en La noche de los asesinos, la continuaba la uni6n crftica en la diferencia, de Manteca. Otra mirada a la familia llegaba con La paloma negra, de Rafael Gonzalez Carlos Perez Pefia, des de las alturas del grupd Escambray. La focalizaci6n se ubica sobre los tres personajes j6venes, protagonistas de sus respectivas historias, cuyos entornos familiares se desvanecen, desempefian un papel negative o se conforman con un rol ausente. Mario, Julio y Narciso se enfrentanin a los obstaculos colocados por la familia, la escuela o la sociedad, que les impediran realizar sus vidas. Cada una de estas instituciones representa un poder y lo ejerce contra sus propios hijos. En ultima instancia, la pieza centra su interes en el proceso de formaci6n de una generaci6n: lamas joven que habita la Isla. En consecuencia, allf estan reflejadas las angustias, las perdidas y los desencuentros de muchos j6venes que tropezaron con los dogmas y las intransigencias ideo- 16gicas, con las arbitrariedades y los errores, con las rupturas familiares y las intolerancias sociales, con la simulaci6n y las miserias humanas. La paloma negra es, por tanto, antes que una "denuncia", la busqueda en el espectador de un ejercicio crftico frente a su realidad. Asf, ante el discurso masificador y enajenante de los medios de difusi6n y la propaganda oficial, aparece la imagen transformativa que apela al conocimiento y la inteligencia del publico; parte de una poetica crftica 4 renovada, como habfa dicho, a partir de Molinos de viento, pero cualificada en un perfil definitive con Fabriles: el conflicto no 4 (Omar Valifio) 270

13 Trazados en el agua... Ornar V alifio es operante entre los "rezagos del pasado" y el presente, sino entre las distintas contradicciones, percepciones y perspectivas del hombre ante su propia actualidad. Caracterfstica esta, descrita antes, que denomina un cambio general en el teatro, las artes y la cultura cubanas. Ello acentua, como en el caso de La paloma negra, la perspectiva analitica. La imagenes del espectaculo no ilustran, reunen en un haz la conciencia fragmentada de los protagonistas, los cuales vibraran, de la misma manera que los espectadores, ante la figura del padre: unas veces ausente, otras melodramatico, otras represivo. El padre que espera de ellos lo que no pueden dar. Con La paloma... se reabrfa este tema central del padre en la familia, despues recurrente. Otro dialogo crftico asumido por el teatro cubano, indagando en los reversos de las imagenes complacientes del espejo. Con La niiiita querida, de Carlos Dfaz, otra vez en la Sala Covarrubias, se producfa la plena asuncion de Virgilio Pifiera. Despues de los acercamientos a Aire jr{o y a Electra Garrig6, en los 80, por parte de Abelardo Estorino y Flora Lauten, respectivamente, habfa sobrevenido el silencio. Los 90 abren para Pifiera con Dos viejos ptinicos, dirigida por Roberto Blanco, al cual seguirfan abordajes de varias piezas por parte de Marfa Elena Ortega, Raul Martfn y otros. Fuera de Cuba, antes de esta etapa y durante ella, el destacado director cubano Alberto Sarrafn irfa tejiendo una cadena de montajes sobre la obra pifieriana. No es, al menos aquf, hasta la puesta en escena de La niiiita querida que Virgilio irrumpe en todo su espfritu. Carlos Dfaz prosegufa su constante acercamiento a la Isla, alejandose de toda solemnidad castradora de la libertad expresiva del ser cubano; una puesta al dfa total de sus obsesiones por el libre ejercicio de la sexualidad, el derecho a la diferencia y el hombre frente al poder. Por ello mismo sometfa a un cubanfsimo choteo la importaci6n de la solemnidad sovietica, sfntoma externo de copias mas duraderas y profundas. De igual modo, defendfa el derecho a disparar sobre sus padres 'I abuelos de la joven Flor de Te, quien se negaba ala imposicion de un nombte una definicion es ya un condicionamiento, parece decir Virgilio- que no le satisfacfa. El espectaculo, gracias a una esencial cubanidad lograda mediante la sensualidad, el espiritu ludicro, la parodia y una visualidad desbordante, actualizaba un diffcil Virgilio que acudfa, cual vuelta de tuerca, al conflicto familiar como paradigma del espacio social; una lfnea -ya ha sido dicho- sembrada por el en la escena nacional. No se reducfa la voluntad del teatro cubano a tomar partido entre hijos y padres, sino a situar un eje que atravesaba, y a su vez era atravesado, por todo el espectro social. Cada puesta en escena, como sfntesis del laboreo integrador del teatro, aportaba un angulo del conjunto. A la altura del primer trienio de los 90, teniendo como resumen 1993, ese conjunto de montajes siempre excepcionales- comentaban el alma de la nacion desde las refracciones de sus imagenes, y ofrecfan distintos puntos de vista sobre el desgarrado transito hacia una utopfa que se vefa aun mas lejos. La lucha cotidiana expuesta en Manteca 271

14 Revista de Estudios Hispanicos, U.P.R. Vol. XXV, Nums. 1 y 2, 1998 era el mejor sfmbolo de ese desgarramiento diario, despues de tantos sacrificios y postergaciones. Todos los ideales pasaban por el sitio de lo real. Salvar el teatro La secular pelea del teatro cubano por su renovaci6n 5 resultaba ahora inseparable de la pelea por su supervivencia. Aunque en terminos generales el pafs comenzaba con lentitud a rebasar la crisis econ6mica, el teatro perdfa la fuerza acumulativa proveniente de los 80, a la vez que se vefa sometido de manera mucho mas aguda a otras nocivas influencias. Cuba empezaba su reestructuraci6n, el teatro su declive. No obstante, a traves de las excepciones se irfa trazando la ruta del teatro insular. Tal vez el signo que intentaban inscribir esas experiencias aisladas era, significativamente, la busqueda de una totalidad 6 en el trazado de la Isla sobre el agua. La isla como un todo indivisible, como metafora. La isla como Isla. Mas que territorio del pafs o la naci6n, territorio de una cultura, de una condici6n del ser. La escena respondfa asf al momento critico que enfrentaba el pafs. En medio de la atomizaci6n, proveniente de una redefinici6n, necesaria y traumatica de nuestro via crucis posible como naci6n, el teatro se afanaba por una integradora totalidad en su imagen de Cuba. A tono con una desintegraci6n del contexte y una indefinici6n de los caminos concretes, buscabamos una cualidad represent~cional de la cubanidad como resguardo y refugio. Perla marina, el texto de Abilio Estevez y no los montajes surgidos a partir de el, serfa el comienzo visible de esa busqueda en el teatro. No podfa Hegar de lugar alguno que no fuera Cuba. Un bellfsimo y conmovedor oratorio por la cubanidad, donde el autor recurrfa a una intertextualidad que fundfa en un solo discurso las voces de poetas y musicos que habfan escriturado el rostro profundo de la patria. La Isla carecfa de ~ontornos para pertenecer a ella. Esta ultima idea la evidenciaba Alberto Pedro en Delirio habanero. Entre lo onfrico y lo real se encuentran en un bar la Reina y el Barbaro, suerte de encarnaciones de Celia Cruz y Benny More; dos sfmbolos de la cultura popular reconocidos como paradigmas de lo cubano. Almas en conflicto sobre el escenario, seres representatives de actitudes diferentes ante el escenario sociopolftico, pero culturalmente imprescindibles "sobre el cielo de Cuba". Los personajes de la pieza no son ellos, sino que, cual ritual, los traen cada noche de la muerte y el exilio para subrayar la necesidad de su presencia, proponiendo un (nuevo) espacio de recuperaci6n y tolerancia culturales. Tambien en torno a ese dilema y otros cruza la escena la Antigona del Estudio Teatral de Santa Clara, bajo la direcci6n de Joel Saez. Partiendo mas del mito que del texto de S6focles, recrea el enfrentamiento de Antfgona contra el s (Raquel Carri6) 6 (Pedro Morales) 272

15 Trazados en el agua... Omar Valifio poder y el orden establecido, aqui reforzados como ejercicios masculinos. Desde este punto de vista, el personaje recorre un camino de actualizaci6n del discurso femenino en Occidente: los basamentos civilizatorios griegos, el cristianismo, las revoluciones, la contemporaneidad... El grupo subraya asi una de sus constantes, junto a la poetica del juego infantil para tratar elipticamente el centro del universo de Antigona: el condicionamiento politico de la pertenencia. Tanto Eteocles como Polinices merecen sepultura en su tierra porque ambos son hijos de ella. Ese planteo se dilata en el espectaculo por los materiales de construcci6n que, en el escenario, conforman la "escenografia", des de los cuales se alude a un mundo en disoluci6n/construcci6n. Es decir, un estado de replanteo de la identidad y el orden sociales. Asi, el desmontaje de una zona tan problematica al enfrentar la nacionalidad cubana, se realiza mediante la desconstrucci6n, cuasi "literal" por el uso poetico de los materiales, como metodo de introspecci6n de la realidad. De alguna manera, en esa perspectiva se ubican Medea e lnmigrantes. Reinaldo Montero revisita el mito clasico para legarnos la vision de una Medea emigrante y marginada, subalterna y periferica, toda una metafora del Sur y de sus seres humanos. su condena y subsiguiente expulsion de Corinto derivan en esencia de su condici6n de.emigrada. Victima de las diferencias sociales y culturales, del mercado y del dinero esta Medea remite a la tragedia de un pais, de muchos paises. Desde ese lejano lugar fija la mirada en su isla, mas ya no puede volver atras. Contempla su pedazo de tierra con otros ojos. Es ella y es otra. Por primera vez un autor cubano de aquf coloca su referente contextual de tal naturaleza fuera del archipielago. Ofrece asf una mirada inedita en el teatro cubano, un margen para una nueva redefinici6n de sus fronteras. Fronteras borrosas las de lnmigrantes, de Jose Oriol Gonzalez. Un viaje, al contrario de Medea, tal vez hacia la isla, aunque porta una lectura similar. Los obstaculos de todo orden interpuestos a los llegados de otras latitudes en su camino de fundaci6n, asentamiento y aculturaci6n. Metafora de cualquier grupo humano, incluso teatral, en su laboreo de vida. Nacida de las experiencias investigativas de Teatro de los Elementos con comunidades de inmigrantes que han fecundado nuestro espacio insular y carecen, sin embargo, del reconocimiento de su pertenencia. El espectaculo ensancha los lfmites de una siempre cambiante identidad. Como conquistadores y no como inmigrantes arriban ala isla los personajes shakespereanos de Otra tempestad, precedidos en ambos montajes por el doloroso sonido del saxof6n que imita la sirena del barco. Hamlet, Otelo, Macbeth, Pr6spero... se introducen como emblemas arquetfpicos en el espacio de la isla. Estan dispuestos a participar del laboratorio de Pr6spero, mas habran de desatar un imparable proceso de interinfluencias e hibridaciones. Alguno perdera por el camino a manos de sus discfpulos. La isla como simple territorio se ira transformando en Isla, sitio de savia propia. El grupo Buendia, con Flora Lauten y Raquel Carri6 lidereandolo, sintetiza sus claves sobre la 273

16 Revista de Estudios Hispanicos, U.P.R. Vol. XXV, Nums. 1 y 2, 1998 memoria y el devenir cubanos, los procesos de fundaci6n y asimilacion de (y en) la historia nacional, la utopfa y las desgarraduras que se producen en su busqueda, auxiliandose de la imagen cual nucleo dramatico y la escena como espacio de confluencia infinita de disfmiles fuentes culturales; unicos vehfculos posibles para verificar la cualidad ideol6gica del montaje. Si Caliban apenas sabe que hacer con el telescopio que Pr6spero pone en sus manos, al final se habra dado cuenta de que, a traves de el, puede verse el universo. Caliban cubierto de las mascaras de los restantes personajes, florecido de espinas, se ha hecho de todas las identidades pero es, por eso mismo, mas que nunca, Caliban. El juego de inversiones comenzara otro ciclo. En cualquier plaza del pafs puede aparecer el grupo Miron Cubano, de Matanzas, llevando en andas a un nuevo Quijote o contando la fabula de El gato y La golondrina. La calle donde representan es, con seguridad, escenario real de las incongruencias y dogmas sociales que pretenden combatir con su teatro. Le hablan al publico que se detiene ante la violacion, por parte del teatro, de la cotidianidad habitual. Una cotidianidad cuyos hordes delimitan el receptacula comun de la ret6rica burocratica, desespiritualizadora y enclaustrante enfrentada esta vez por el Quijote. Un espacio ffsico donde moral y sicologia social ejercen un conjunto de prohibiciones convertidas en sacrosantas leyes contra el propio ser humano, al cual intenta despertar El gato y la golondrina. El Quijote cortara la cabeza al burro por encerrar al tomegufn, destinado por la naturaleza solo a cantar. La golondrina desafiara la prohibicion de casarse con gatos. El Mir6n, de Albio Paz, proclama la revolucion y la libertad que ejercen. La misma obsesion es padecida por Carlos Dfaz y se renueva en CaUgula. Desde el entomo del poder la libertad es apenas un juego. La posibilidad infinita del poder, ajena a cualquier control, excepto por quien lo posee, traspasa cualquier lfmite basta la crueldad, pero un dia se descubre el precipicio ante lo inalcanzable. Surge, entonces, el drama del hombre (y del Hombre) en su ejercicio, una lectura profundizada en Caligula basta legarnos una reflexi6n sobre el ser humano y el par posibilidad/imposibilidad. Diaz completa su vision exorcizante sobre la importaci6n de rituales solemnes y vacfos, plagados de estereotipos y "modelos" de comportamiento y participaci6n polfticos del socialismo real en el tejido social cubano,? actualizando, bajo estrictos presupuestos y resultados artfsticos, estas ideas. El eje libertad de formas teatrales - condici6n libre del teatro y sus contenidos- desenmascaramiento social-nuevo publico, tan del Lorca de El Publico como del Carlos Dfaz del grupo El Publico, sufrfa otra vuelta de tuerca. Tambien Estorino explota un eje similar en Parece blanca. Basandose en el mito Cecilia, a partir de la Cecilia Valdes de Cirilo Villaverde, crea una 7 (Vivian Martinez Tabares) 274

17 Trazados en el agua... Omar Valifio tragedia moderna, una tragedia de la cubanidad, del hombre cubano insular y por ello mismo de rango universal. Redefine el mito, y con ellos relieves del pasado y el presente de la nacion. Los personajes se enfrentan a un destino prestablecido, de donde el autor explota la materia y tension propias del drama en funcion del centro conceptual de la pieza: destino-eleccion-libertad. LaCecilia estorineana se renueva frente a las realidades sociales de la actualidad, que reactivan una recomposici6n social donde ella vuelve a tener Iugar, asf como sus circunstancias conexas: corrupci6n, contrabando, prostitucion, dinero. Sin embargo, la tragedia se revela en toda su fulgurante magnitud al manifestar los personajes la imposibilidad de escapar de ese destino incambiable. Condenados a vivir en la novela donde todo esta escrito, en la Isla rodeada de agua por todas partes, la repeticion, connatural al teatro, se iguala en ellos al sentido de una vida infinitamente repetida hasta el cansancio. Los personajes son vfctimas de la sociedad que integran; esta sociedad parece no poder derrotar la inmanencia de ciertas constantes reaparecidas como ecos de todo su camino anterior. El dolor de la cubanidad es un grito: "jdios! jvillaverde! jque tortura!". A esa idea de lo cfclico en la Historia recurre Reinaldo Montero en Los equzvocos morales. Llevado a escena por Teatro Escambray el montaje resulto generador de una polemica que lo rebasaba. La batalla naval de Santiago de Cuba, episodic decisivo de la Guerra Hispano-cubano-norteamericana en 1898, constitufa el marco general (y teatral) del conflicto: la decision del almirante espafiol Cervera sobre el sacrificio o no de su flota ante una muy desigual batalla. Aunque el autor "aleja" el referente hacia la escuadra peninsular, su contextualizacion en el 98, y el orden de ideas que hace explfcito, colocaban al espectador frente a un dilema cercano. El caracter tragico se escondfa entre las razones de Cervera, las cuales se pueden valorar con mas claridad por la utilizacion de ese referente distanciado, y la memoria de la significacion para Cuba del 98, jus~o a un siglo de aquel hecho, siempre vivo en su posibilidad de repeticion. Por otro camino en la asuncion de un pasado vivo se encamina Abdala. s ' l Como asumirla, en medio de un panorama nacional y mundial don de no esta en lo absoluto de moda un cantico al amory deber patrios? Armando Morales y Sahimell Cordero encontraron un nuevo vehfculo de emision del texto martiano en el teatro de mufiecos, haciendo visible, de paso, la punta de un iceberg: el espacio tecnico, artfstico e ideologico ganado por el teatro de titeres en los 90. Este segmento, por lo general dirigido a los nifios, sustantiva en los mejores espectaculos de esta etapa una honda preocupacion por el transformado entorno donde crece y forma sus valores la infancia. Por ello Abdala sintetiza en los tres pianos antes mencionados la trayectoria titiritera. Sus hacedores le insuflan una cualidad extrafiada que provoca en el espectador la sensacion de que el poema dramatico, mas que representado, es homenajeado. Asi, a traves del homenaje al "pasado", se logra un dialogo del publico con su historia. 275.

18 Revista de Estudios Hispanicos, U.P.R. Vol. XXV, Nums. 1 y 2, 1998 El discurso de imagenes analoga en forma constante, y acentuadamente subliminal, el espesor de la metafora martiana a las circunstancias actuales de la nacion para, junto a otros mecanismos teatrales, colocar al receptor frente a un espectaculo sacro de la patria. Ese mismo espacio de tierra, desde otro angulo, era comentado de manera irreverente en Electra Garriga. Otra vez Pifiera, ahora en las manos de Roberto Blanco, rendfa un explfcito homenaje a la tradici6n. El drama de la familia, la carencia de epica de la burguesfa nacional, el machismo contra el matriarcado, la pertenencia o la partida condensan una radiografia del alma nacional. La cubanidad exigida por el texto es subrayada por Blanco al referirse a la puesta en escena original de esta obra por parte de Francisco Morfn y el grupo Prometeo. Ese dialogo alrededor de las diferencias generacionales y las relaciones hijos-padres encontrarfa una acentuada y simultanea recirculaci6n en los ultimos meses, a tono con la despedida natural del espacio social de una generacion que tanto ha tenido que ver con el dibujo del pafs y su proyecto. En La trfada, Carlos Celdnin se apoya, justamente, en los mismos personajes: Electra, Orestes y Clitemnestra. Abilio Estevez crea con La noche una fahula en la cual uno de sus ejes gira en torno al hijo que huye de su madre. Julio Cesar Ramirez impone nuevas visiones sobre La casa vieja, de Estorino y La noche de los asesinos, de Triana, primeras estaciones de "La trilogfa de los hijos". Presenta, simb6licamente, a aquellos que fueron hijos en tales piezas como padres de la generaci6n ala cual pertenece su colectivo Teatro D' Dos, e indaga en los condicionamientos existenciales, sociales y universales que constituyen la herencia legada a sus descendientes en la epoca actual, en la cual se verifica una circunstancia transicional similar, aunque dialecticamente mas rica y compleja, a la de los inicios de la Revoluci6n, referente obligado de esas obras. Ahora mismo, con Baal, una version de Celdran sobre el original de Brecht, el teatro cubano toea una zona cada vez mas inobviable: la marginalidad, la droga, la insolidaridad, la violencia. Los desechos del mundo del consumo son, la realidad de la puesta. Baal no quiere, no puede ser aceptado. El sabe asomarse al tedio, a la soledad y a la desesperanza. Para Dios, polfticos, o burgueses no es este teatro que sabe mirar la realidad buscando una identidad no restringida a t6picos conocidos y neutrales. Como, segun Lucien Febvre, las artes y la cultura artfstica y literaria, si no reflejan, al menos reproducen anal6gicamente los procesos de la realidad, el teatro insular ha brindado testimonio de cuanto se ha transformado Cuba y el mundo de los 80 a los 90. La implementacion de una restructuraci6n econ6mica que fue respondiendo paulatinamente a los urgentes reclamos de la realidad, bajo la cual ha cambiado el rostra del pafs, llegando a remover, con sus reflejos de diversa clase, los cimientos de la sociedad, ha ido condicionando una mirada otra, aun para los habitantes de este archipielago que persistimos en ser singulares criaturas 276

19 Trazados en el agua... Omar Valifio de un Sur diferente. Asirnismo, a los radicales cambios ocurridos en el planeta (de nefastas consecuencias para los cubanos en un primer nivel, perc de indudables ganancias en un orden mas profundo ), se suma la "nueva" convergencia -tal como un inevitable ciclo historico-, alrededor de 1998, de las seculares apetencias imperiales de los jurasicos politicos del Norte, en circunstancias mucho mas complejas. Ese latente peligro, real y presente mas alla de las obviedades machacadas, recalcadas por un tipo de discurso oficial, ha side percibido por amplfsimos sectores de la sociedad como una amenaza para la existencia misma de la nacion y la cubanidad. Desde tal perspectiva, el teatro no podia seguir siendo el mismo. A pesar de su acentuada crisis, ha estado contribuyendo a la ''construccion" de ese pafs, ajustado a sus propias posibilidades (y tambien a sus necesidades y deseos). En medio de una reestructuracion en todos los ordenes, el teatro participa, siguiendo una evolucion propia y libre, de la articulacion de una identidad no restringida, para do tar de nuevas formas, imagenes e ideas los discursos identitarios de la nacion. Se sirve para ella de una ininterrumpida cadena de desconstrucciones, con el proposito de articular nuevos paradigmas. El juego de bolos del artista plastico Kadir Lopez, donde cada uno de los bolos se recubre con alguna obra clasica de la iconograffa nacional, las canciones del trfo ENSERIE o los temas del grupo Superavit, asf como los materiales constructivos de Ant{gona, recurren a una poetica infantil que permite mezclar juego, desprejuicio y desconstruccion con el afan de resituar valores y paradigmas. Como podrfa ser de otro modo si en todo el espectro social "flo tan", al mismo tiempo, valores antagonicos, redefiniciones angustiosas, contradicciones insalvables. A ese contexto de fuertes transformaciones no siempre con un destino precise, eficaz, consensuado y compartido- corresponde una acentuacion de la seguridad de la tradicion y una evaluacion crftica de los modelos pasados y presentes puestos e I juego. La tradicion en permanente renuevo, sirve para recolocar, desde su im ginacion, la "construccion provisional" simbolica del pais que viene, de la nac on reestructurada. En el interior del teatro ocurre, entonces, una mayor dinamica de encuentros entre lo sociologico y lo artfstico, se activa el puente sociedad-teatro, escena teatral-escenario de la Isla. En este sentido, lo anterior explica la combinatoria de recurrencias tematicas y estilfsticas observables dentro de los discursos escenicos. Por una parte, la figura del padre, la ingratitud, el dialogo-ruptura entre padre e hijos, la familia, el poder, son moviles dialogicos que, como dije antes, establecen nexos con la intensificacion de la necesidad de una definicion estable del futuro, luego del relevo de la generacion historica. De otro lado, el mencionado mecanismo de la desconstruccion -el cual no solo me parece el mas utilizado, sino el que reune en un haz otras formas de produccion de sentido-, recorre la escena, ayudandose de la parodia, la ironia, las citas, la intertextualidad, la hiperbole, el juego, para ofrendar lo que Umberto Eco ha llamado "un homenaje al modelo". Ese modelo objeto de relecturas y homenajes, es la pro pia tradicion, 277

20 Revista de Estudios Hispanicos, U.P.R. VoL XXV, Nums. 1 y 2, 1998 en particular el vermicule y sus recursos, es decir, los afluentes "cultos" y "populares" de la herencia. Una tradicion operante, viva, con una perspectiva abierta bacia el referente. Tradici6n y herencia sin complejos de culpa por no atenerse a una expresion, a una identidad de lo cubano confinada y circunscrita a un numero de formulas, imagenes y elementos "clasicos". Lo cubano se constituye de lo inefable, se representa de forma concreta y el espectador lo recibe, reconociendose, como la presencia de "alga" que se comunica con el de manera unica. Con esa fuerza, en media de un mundo globalizado -es decir cada vez mas estupidizado y norteamericanizado-, busca Cuba su utopia en la consecuci6n de una sociedad alternativa al establishment de ese mund o de hoy. Tal vez sofiando, incluso, con ser una celula viva, en el minuto que la acumulacion espiritual contraria al estado actual de casas estalle y traiga nuevas resoluciones de existencia. En una sociedad alternativa no debe ser relegado o marginado el aporte de este teatro vivo a la geografia ideol6gica y espiritual de la nacion. Menos en funcion de dar paso a un teatro de corte comercial ya inocultable en la Isla, la cual tambien se refleja allf en aspiraciones y metodos de sectores nuevamente legitimados. Frente a ese mar de conflictos en que navega Cuba y su teatro, nose discute la utopia, sino "el camino que conduce al Templo". Ganado el espacio proyectual de un nuevo concepto de nacion cubana, la escena se dedica a validarlo, cuestionarlo y basta objetarlo. Los jirones dejados en ese transito por el hombre cubano son la materia del teatro. El centro de indagacion del arte cubano contemporaneo, ahara matizado por la vuelta de la Isla bacia sf misma. La Isla como expansion, como tema y como destino, la cubanidad como salvaguarda. Se trata de "la herencia como talisman". AI intentar fijar la recuperacion de esa herencia, a principios de 1997, crei ver una reconstitucion del teatro cubano, aun advirtiendo la posibilidad de un espejismo; ademas de tratar, una vez mas inutilmente, de orientar una posible direccion creativa. Pronto cai en cuenta del efecto ilusorio. Parece que en media de tantas carencias acumuladas y renovadas tanto en lo artfstico como en lo institucional, el teatro insular sera inca paz de rearticularse definiti vamente. No habra modo de presenciar los rasgos sino en el fragmento, en la parte. Por tal motivo estos trazados, al contrario de su 16gica en ese sentido, persiguen una linea imposible. Tambien por eso los trazos se aislan, se pierden, se desdibujan. Vispera de los cuarenta aiios de un teatro en (la) Revoluci6n, l,ha llegado la bora de decretar la extinci6n oficial de un movimiento con un rostra preciso? No obstante, siempre el teatro sobrevivira en experiencias solitarias. Ya ha sido asi en la escena de los 90, la cual busca, se verifica, se hace en sus excepciones. Tal vez culmina un largo ciclo. En el desaffo de continuar su vocaci6n 278